Un pequeño barco viaja hacia América, más en el horizonte se dibuja el silencio de los pájaros. La travesía es complicada, pues es la primera vez que estoy aprendiendo verdaderamente a vivir de mis sueños y de mis ilusiones; nunca quise salir de mi cueva a donde dormía plácidamente, pues no entendía nunca porque las princesas se asustaban al mirarnos, cuando lo único que deseábamos era regalarles unas rosas, pero nuestro aspecto seco y duro, y nuestra piel llena de escamas nos hacían ante ellos, causar un temor y un miedo incomprensible a los mortales.  …

Adoraba salir a los prados para cenar insectos, aunque algunas veces reconozco que me quedaba dormido en medio de los pastizales, después de mi placida comida, mientras que los demás se mortificaban por defenderse de los hombres de armaduras. Yo soñaba en las noches mirando la luna, que podía algún día encontrar mi destino, mi amor, mi paz, mi luz, a un ser a quien sin importar lo feo que soy por fuera, pudiera acariciar con sus ojos las rosas que guardo en mi alma y en mi corazon. Por eso me embarque en un barco, de aquellos que llevan Dragones. Me paseo por la cubierta y observo los peces voladores, los delfines, dejo que la oscura noche trabaje con el reflejo de la luna. El Dragón va en busca del mundo. Muchos barcos he visto en estos días mientras cruzamos el mar de los sueños, pero solo éste barco que va a América entre todos, lleva a un Dragón.

Algunos pasajeros, se muestran temerosos de mi toz y del cloro que expide mi garganta, sin saber que con él exhalo mi fuego con el cuál ilumino nuestro camino; mientras los más audaces y valientes me preguntan que implica ser un Dragón. Yo le respondo que supone tener muchos sueños en la vida; de reconocer que uno es Dragón, no por apariencia sino por convicción, pues en la selva de la vida, cuando pensamos que estamos llegando al final de una etapa, empezamos a comprender que realmente estamos comenzando el camino de nuestros sueños. Sondeamos dificultades, superamos problemas y algunas veces caemos, pero lo más hermoso es que nos levantamos alzando los ojos en el horizonte. Volamos para estirar nuestras pequeñas piernas, y nuestros largos brazos con sus fantásticas uñas, que nos permiten llegar a donde otros no pueden. Al fondo diviso la costas de América, las cordilleras, las montañas, el murmullo de las aves, el cielo azul, entonces el pequeño navío se vuelve hacia una tierra nueva, donde Yo, el Dragón partiré al encuentro del mundo. Que encontrare, estará mi princesa esperándome, cuantos ríos y praderas cantaran al verme con sus piedras y halcones. Quisiera encontrar esa floja tierra donde pudiera plantar una semilla que se estirara hacia el sol …. “El hombre ha de querer lo bueno y lo grande, lo demás depende de su destino” – me repetía a mi mismo en mis primeras noches de navegación, al registrar pacientemente las brillantes y maravillosas estrellas.

Me encontraba hambriento de un espacio donde extenderme y apenas llegado a estas tierras del mundo se ha empezado hacer cristalino y abrió su capullo. Mi juventud había prendido su astro y era un joven Dragón que había cumplido una etapa del camino, sin saber que apenas he comenzado mi verdadero destino, el destino de un Dragón …

Autor:  Cyrano de Tissut

Inspirado en un cuento de Ramon Palomares

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